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domingo, 5 de enero de 2014

Parte 1 ¿has visto cuando los ojos se vuelven de arena?

"No hay mucho entre nosotros" dijo, pero yo ya estaba enamorado, llevaba semanas que no podía sacarla de mi cabeza, no me dejaba dormir, me tenía loco, por eso me decidí a insistir, aunque esa no es mi forma habitual de comportamiento, pero ya no soportaba el amargor de mi saliva, era como tener viva la hiel en la boca y se escurría brusca por toda mi superficie, era desesperante, salía a correr, me quería matar, no sé, era la expresión viva de la desesperación.
Había planeado cientos de actos de locura con los que deshacerme de la continuidad de mi vida, y luego me dije: loco ya para, has abandonado la cordura hace ya mucho tiempo, no tienes que volver al mundo de esta forma tan indecente, trata, prueba algo puede pasar y hasta es posible que te sea de provecho.
Me comporté, dentro de mis márgenes, lo mas normal posible y logré que me invitara a su casa a tomar once y de una u otra manera de poder pasarla a ver en cualquier momento, hice patente un día cualquiera mi nuevo derecho otorgado. Una tarde cualquiera, mientras paseaba al perro decidí ir a su casa, como escusa de que andaba cerca, cuando lo que encuentro en la puerta de su departamento es a ella siendo acosada por un weón, en cuanto terminé de construir la imagen en mi cerebro estaba podrido, ella me había dicho anteriormente que ese hombre tenía problemas con la violencia, pero cuando lo vi lo desprecié de inmediato y había decidido que hacer al respecto, reconozco ahora, que sentí ganas de llorar, que me di cuenta que no era yo el querido, que ese alguien que estaba ahí era mas dueño que yo, entonces me acerqué y vi sus caras de sorpresa, ella me saluda y me presenta al tipo y a su vez me presenta como un amigo, lo que era mas verdad que nada, pero por algún motivo me dolió hasta la médula de los huesos, una de las cosas mas desagradables que he pasado en mi vida, en fin, le pregunté si era su ex y me lo reconoció, ya había perdido mis cabales, solo estaba actuando, fingiendo hasta el brillo de mis ojos, que mierda, de solo recordar mi cuerpo se estremece, sentí que era necesario que ella se entrara tan solo un minuto para poder hablar con el weón y exponerle mi punto, entonces le dije: Negra, sabes mi perro tiene sed ¿podrías darle un poco de agua en un posillo? a lo que asintió y se entró con el perro, cerré la puerta, pues sabía que tenía poco tiempo, ya lo había decidido iba a experimentar con seres humanos mis teorías de conducta, también sabía que mi perro no tomaría agua lo que me daba al rededor de 2 minutos. apenas siento el sonido de la chapa me abalanzo sobre el weón y azoto su cabeza en el suelo, una, dos, tres veces y lo tomo por la axila para obligarlo a ponerse boca abajo y lo hago golpear con la frente el piso nuevamente y comienzo el monstruoso parlamento: Weón sabi, no quiero verte nunca mas acá, pero sé, que si te dejo en libertad así, es posible que incluso me denuncies y le digas a ella, así es que te aviso que debo destruir tu personalidad, te voy a culiar y vay a ser mi perkin, mientras le bajo los pantalones a la fuerza, el loco casi gritó y empezó a suplicar vi en el rabillo de sus ojos que decía la verdad, a tal punto que casi lo suelto de inmediato, pero pensé que su moral seguía intacta y si me denunciaba de seguro me iba preso y la iba a perder para siempre, que si ya estaba en ese lugar, en esa instancia, ya había arriesgado demasiado como para poder dar marcha atrás, pero ni cagando estaba caliente, me pasé el rollo incluso que podía tener alguna enfermedad, pero si pensaba en tener relaciones con ella también podía adquirirlas, había que terminar lo empezado, ya me quedaba con suerte un minuto, el tiempo se va como las balas en esos instantes y la sangre se va a cualquier parte menos al pico con la adrenalina, busqué algo en él que me provocara sexualmente y di con sus ojos de desesperación nuevamente, la expresión viva de un niño, de un cordero acorralado, me suplicaba decía que nunca mas lo iba a ver en mi vida, que se haría humo, pero que por favor no lo hiciera, hasta me amenazó que se vengaría, e ahí mi lugar, mi punto, sentir el riesgo por otro culia'o y se me paró de puro abusador y se lo metí en el culo, sentí un sonido extraño, la sensación no era la misma que con una mina, el espesor era distinto, como mas grueso el esfinter, pero mas fácil, pataleó un poco, como cuando te ponen una inyección, mi pichula entró de una mientras le di vuelta el cuello para ver su rostro... en menos de un segundo percibí como un ser humano había sido aniquilado en vida, como algo que parecía tan seguro como ir a ver a una mina se convertía en el peor error de su vida, como otro ser humano podía ser tan terrible, y vi como desapareció el brillo de unos ojos que antes llenos de vida suplicaban, me estaba culiando un muerto, sabía que sería así desde el principio me moví un par de veces, le dije: "ahora soy mi perra conchetumare, eres mi puta" y lo solté, salió corriendo, yo no me podía siquiera entender, pero a él lo comprendía en absoluto, sabía que no me denunciaría, sabía que intentaría incluso por fuerza de olvidarlo, que le daría vueltas en la cabeza, que no sabría que hacer, que pasarían años antes que pudiera decir que ese seria nuestro mas terrible secreto, también sabía que me había excedido que si cuento que he hecho algo así por amor nadie me entendería, que tenía en la punta del pico la caca de un weón que no me había hecho nada mas que llegar antes que yo y que soy un muy mal perdedor, pero ya no podía cambiar nada, así es que me subí rápido el cierre y escondí mi pájaro que se había bajado. Cuando ella salió de la casa con el perro se extrañó de no ver al loco, de mi agitación, de mis hombros caídos y exhaustos y me preguntó por él, si habíamos peleado, qué había pasado. En conocimiento de mi propia perplejidad no pude negarlo y le dije eufemísticamente que de alguna manera sí, que ella sabía que el tenía problemas con la violencia, pero que habíamos llegado a un buen acuerdo y por eso se fue... no me creyó y empezó a llamarlo pero él ya había apagado su teléfono, gritando en silencio me quedé con ella, celebrando mi prevalecencia, mi victoria absoluta.

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